El Trastorno del espectro Autista (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por déficits en la comunicación e interacción social, así como por la presencia de conductas repetitivas e intereses restringidos (American Psychiatric Association APA, 2014).
El TEA (Trastorno del Espectro Autista) afecta principalmente a las áreas de lenguaje y comunicación, interacción social recíproca y la presencia de intereses restringidos y/o conductas estereotipadas. El TEA se manifiesta desde la infancia y persiste a lo largo de la vida, la intervención temprana y el apoyo adecuado pueden mejorar significativamente la calidad de vida de las personas afectadas.
Según la Confederación Autismo España (2023), la prevalencia del Trastorno del Espectro Autista (TEA) es significativamente mayor en hombres que en mujeres, estimándose una proporción aproximada de 4 hombres por cada mujer diagnosticada. Estas diferencias, pueden deberse en muchas ocasiones al infradiagnóstico que existe en muchas mujeres.
Las primeras descripciones sobre el Trastorno del Espectro Autista fueron realizadas por Sucharewa en 1926 con un grupo de 6 niños, un año después, describió los casos de 5 niñas, mostrando una proporción bastante similar de hombres y mujeres. Sin embargo, a partir de Leo Kanner (8 niños-3 niñas) y 6 Hans Asperger (4 niños), comenzó la tendencia a identificar un mayor número de niños que niñas (Kanner, 1943; Asperger, 1944/1991).
Dificultades en el diagnóstico de mujeres con Autismo
Según Hervás (2022), durante mucho tiempo los estudios de investigación no incluían a las niñas o mujeres con autismo en sus muestras y en los pocos estudios en los que, sí lo hacían, éstos estaban severamente sesgados ya que se trataba de niñas o mujeres con déficits cognitivos o de lenguaje graves asociados.
Desde la llegada del DSM-5, se han ido poco a poco identificando casos de personas con síntomas de autismo menos graves, en algunos casos sub-diagnósticos, que con frecuencia desarrollaban problemas de salud mental asociados.
En el caso de las mujeres, éstas presentan características únicas y diferentes a las que presenta el género masculino; de ahí la dificultad para el diagnóstico. A ello cabe añadir, que cuando el TEA se presenta con una capacidad cognitiva preservada, las mujeres todavía pasan más desapercibidas. Todo ello evidencia, que muchas mujeres con autismo son diagnosticadas de manera tardía o incluso nunca llegan a tener su diagnóstico, además de recibir diagnósticos erróneos y tratamientos inadecuados (Hervás, 2022).

Factores clínicos, sociales y metodológicos que contribuyen a la infradetección del autismo en mujeres
- Uno de los más relevantes sería el camuflaje social que utilizan muchas mujeres para imitar conductas socialmente aceptadas y poder compensar así las características de sus déficits comunicativos y enmascarar las que son propias del trastorno (Hull et al.,2020).
- Diferencias en la presentación clínica: Las mujeres presentan mayores habilidades sociales y lingüísticas y tienen mayor motivación y deseo social ( Hervás, 2022). Del mismo modo las mujeres tienden a presentar intereses restringidos que no suelen ser tan evidentes como los que presentan los hombres (ellas suelen tener intereses más socialmente aceptados y pueden pasar más desapercibidos (Loomes et al.,2017). En lo que refiere al juego, mientras que las niñas juegan más a través de juegos en los que el vehículo principal es la comunicación, los niños reflejan juegos más físicos y mecánicos (Hervás, 2022).
- Diferencias en la cognición social relacionadas con el género: En el género femenino debido a su menor rigidez cognitiva presenta menores conductas repetitivas y estereotipadas (Hervás, 2022).
- Diferencias en la comorbilidad del autismo relacionada con el género: mientras los niños tienden a presentar comorbilidad con trastornos como el TDAH, las mujeres suelen presentar trastornos emocionales o alimentarios (Hervás, 2022).
- Los instrumentos estandarizados utilizados en el diagnóstico del autismo como el ADI-R o el ADOS 2 , desarrollados principalmente con muestras masculinas, presentan una menor fiabilidad en el género femenino (Lai & Ashton-Smith,2011).
Camuflaje – ¿Que es y cómo influye en el infradiagnóstico?
El camuflaje, enmascaramiento o imitación social, es una de las características que presentan muchas mujeres con autismo.
Wing (1981) definió la hipótesis del camuflaje, como la idea de que las niñas pueden aparentar tener mejores habilidades sociales de las que realmente tienen, por copiar y practicar conductas de otras personas. La hipótesis de Wing podría explicar por qué las niñas eran más difíciles de identificar y podían mostrar mejores rasgos sociales “superficiales” en un encuentro breve.
Algunos ejemplos de camuflaje podrían ser: realizar contacto ocular durante las conversaciones, utilizar guiones o frases aprendidas y ensayadas o incluso chistes, copiar la conducta social de otros, imitar las expresiones faciales o gestos de los demás y aprender o seguir guiones sociales.
Hull et al (2017) concluyeron en una población estudiada, que el camuflaje se trataba especialmente del enmascaramiento y la compensación de los déficits propios del TEA. Esta técnica la utilizan con el objetivo de poder encajar, formar conexiones respectivamente y poder parecerse a otras personas de su alrededor compensando así sus dificultades de comunicación social.
El camuflaje puede producir efectos negativos como, por ejemplo, la cantidad de tiempo que estas personas dedican a realizarlo podría conducir al agotamiento, el aislamiento, la mala salud física y mental, la pérdida de la identidad y de la aceptación de sí mismo, así como de las percepciones y expectativas irreales de los demás y el retraso en el diagnóstico.
Según Rosenberg (2022), la presencia del camuflaje social en las mujeres con TEA genera una secuencia cíclica de síntomas de ansiedad, entre los que se incluyen: pensamientos intrusivos sobre cómo son percibidas por los demás, hipervigilancia social, cansancio emocional derivado del esfuerzo que hacen por encajar y el aislamiento posterior que aparece como consecuencia del agotamiento.
Estos indicadores surgen con el objetivo de compensar u ocultar situaciones propias del trastorno que generan emociones desagradables y como consecuencia producen ansiedad.
Víctor Ruggieri (2020) apunta que “las personas con autismo tienen cuatro veces más posibilidades de desarrollar depresión que en la población general, considerándose la afección de salud mental más común entre ellas” (2020, p.13) y que “El esfuerzo involucrado en el camuflaje contribuye a la ansiedad y la depresión” (2020, p.14) A pesar de ello también se han observado “aspectos positivos” que incluyen un mayor acceso a los espacios sociales y protección contra daños, considerándose el camuflaje necesario para sobrevivir en un mundo diseñado para una mayoría neurotípica (Cook et al., 2022).
Impacto del autismo femenino en el lenguaje y la comunicación
En las niñas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), el desarrollo del lenguaje oral puede estar presente; sin embargo, suelen persistir dificultades significativas en el ámbito de la comunicación social.
Uno de los aspectos más afectados es la pragmática del lenguaje, entendida como el uso adecuado del lenguaje en contextos sociales.
Estas dificultades pueden manifestarse en problemas para iniciar o mantener conversaciones, respetar turnos conversacionales o ajustar el discurso al interlocutor y a la situación comunicativa (American Psychiatric Association, 2022).
Asimismo, las niñas con TEA suelen presentar limitaciones en la comprensión de matices lingüísticos, como la ironía, el sarcasmo o los dobles sentidos, ya que estos requieren inferencias sociales y cognitivas complejas. Esta característica se relaciona con una tendencia al procesamiento literal del lenguaje, lo que implica interpretar los mensajes de forma concreta y explícita, sin considerar significados implícitos o contextuales (Baron-Cohen, 2000). Estas particularidades pueden dificultar la interacción social y generar malentendidos en entornos educativos y sociales, a pesar de un vocabulario o estructura gramatical aparentemente adecuados (Tager-Flusberg et al., 2005).

Apoyos necesarios para niñas y mujeres con TEA
Las niñas y mujeres con Trastorno del Espectro Autista (TEA) requieren apoyos específicos y personalizados que respondan a sus necesidades comunicativas, emocionales, sensoriales y sociales, teniendo en cuenta las particularidades de su perfil de desarrollo. Uno de los apoyos fundamentales es la intervención logopédica especializada en comunicación social, orientada no solo al desarrollo del lenguaje estructural, sino especialmente a la mejora de la pragmática del lenguaje, la comprensión de normas sociales implícitas y el uso funcional del lenguaje en contextos cotidianos (Tager-Flusberg et al., 2005).
Asimismo, la terapia psicológica desempeña un papel clave en el abordaje del bienestar emocional. Diversos estudios señalan que las niñas y mujeres con TEA presentan una mayor prevalencia de ansiedad y dificultades emocionales, en parte debido al esfuerzo constante por adaptarse socialmente y al fenómeno del camuflaje social. La intervención psicológica puede favorecer el desarrollo de estrategias de regulación emocional, el manejo de la ansiedad y el fortalecimiento de habilidades sociales, contribuyendo a una mejor calidad de vida (Hull et al., 2017).
Otro aspecto esencial es la implementación de adaptaciones sensoriales tanto en el hogar como en el entorno escolar. Las alteraciones en el procesamiento sensorial son frecuentes en el TEA y pueden generar malestar, sobrecarga o conductas de evitación. Ajustes como la reducción de estímulos auditivos o visuales, la creación de espacios tranquilos o la flexibilidad en rutinas favorecen la participación y el bienestar de las niñas y mujeres con TEA en distintos contextos (American Psychiatric Association, 2022).
Finalmente, la participación activa de la familia resulta imprescindible. La comprensión del TEA por parte del entorno familiar, junto con un acompañamiento respetuoso y empático, favorece el desarrollo emocional y social, refuerza la autoestima y promueve la autonomía. La familia actúa como un pilar de apoyo fundamental en la generalización de aprendizajes y en la creación de entornos seguros e inclusivos (Zwaigenbaum et al., 2015).
Consejos para las familias
La familia desempeña un papel fundamental en la detección temprana y el acompañamiento de niñas y adolescentes con Trastorno del Espectro Autista (TEA), especialmente considerando que el perfil femenino suele presentar manifestaciones más sutiles y, por ello, menos reconocidas. Es importante que las familias observen señales persistentes como el aislamiento social, la presencia de intereses intensos y restringidos —a menudo socialmente aceptados— o niveles elevados de ansiedad, ya que estos indicadores pueden pasar desapercibidos en contextos cotidianos (Lai et al., 2015).
Asimismo, resulta fundamental no minimizar las dificultades bajo la creencia de que la niña “parece normal” o “se adapta bien”. Diversas investigaciones señalan que muchas niñas con TEA desarrollan estrategias de camuflaje social que ocultan sus dificultades reales, lo que puede retrasar el diagnóstico y aumentar el riesgo de malestar emocional, agotamiento y problemas de salud mental en etapas posteriores (Hull et al., 2017). Reconocer y validar las dificultades permite ofrecer apoyos adecuados y prevenir consecuencias negativas a largo plazo.
Finalmente, se recomienda buscar profesionales con formación y experiencia específica en autismo femenino, ya que el sesgo de género en los criterios diagnósticos tradicionales puede dificultar la identificación del TEA en niñas y mujeres. Un abordaje especializado y sensible al género favorece evaluaciones más precisas y la implementación de intervenciones ajustadas a las necesidades individuales, promoviendo así el bienestar y el desarrollo integral (American Psychiatric Association, 2022).
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Bibliografía
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