La ansiedad es una emoción necesaria para la supervivencia. Sin embargo, cuando aparece con demasiada intensidad, frecuencia o en situaciones que no representan un peligro real, puede interferir en el bienestar y funcionamiento diario de niños, niñas y adolescentes.
Las repercusiones de la ansiedad infantil pueden llegar a ser muy negativas, ya que interfieren en el proceso de desarrollo y si se cronifica, pueden evolucionar hasta patologías más severas.
¿Cómo identificar la ansiedad en niños y adolescentes?
Es importante diferenciar el miedo que es una respuesta anticipatoria a una amenaza inminente real o imaginaria, de la ansiedad que es una respuesta anticipatoria a una amenaza futura y se vuelve problemática cuando causa malestar significativo o interfiere en la vida diaria durante semanas o meses.
Los síntomas de la ansiedad pueden variar según la edad, el temperamento y la situación que la desencadene. Aunque generalmente se suele manifestar en las siguientes áreas:
| Síntomas físicos | Dolor de estómago o de cabeza recurrente |
| Sensación de “nudo en la garganta” | |
| Palpitaciones, sudoración, temblores | |
| Dificultades para dormir, terrores nocturnos o pesadillas | |
| Fatiga o irritabilidad | |
| Síntomas cognitivos | Preocupación excesiva por el rendimiento escolar |
| Miedo a separarse de los padres | |
| Temor al rechazo social o a cometer errores | |
| Expectativas negativas, sensación de que van a ocurrir cosas malas | |
| Síntomas conductuales | Evitar situaciones que generen malestar |
| Aumento de dependencia hacia los adultos | |
| Llanto frecuente, rabietas o bloqueos | |
| Disminución del rendimiento escolar |
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Aunque existen estrategias que pueden realizarse en casa, existen señales que indican la necesidad de evaluación por parte de un psicólogo infantil.
Señales de alarma
- Ansiedad persistente durante más de 4–6 semanas, incluso aplicando estrategias de apoyo en casa.
- Interferencia significativa en su vida diaria: problemas para asistir o permanecer en la escuela, dificultades para relacionarse con otros niños, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba, etc.
- Evitación severa: negarse sistemáticamente a ir al colegio, quedarse solo, participar en actividades sociales o realizar tareas que antes eran habituales.
- Síntomas físicos frecuentes sin explicación médica: dolores de vientre, náuseas, mareos, dolores de cabeza, palpitaciones.
- Cambios bruscos en el estado de ánimo: irritabilidad marcada, tristeza, episodios de llanto sin motivo aparente, baja tolerancia a la frustración.
- Alteraciones graves del sueño o la alimentación: insomnio persistente, miedo intenso a dormir solo, pérdida o aumento significativo del apetito.
- Conductas regresivas: enuresis nocturna, temor intenso a separarse de los padres o necesidad de compañía constante.
- Aislamiento social o rechazo escolar: dificultad para hacer amigos, evitar actividades extracurriculares o quejas frecuentes antes de ir al colegio.
- Comportamientos de riesgo o señales de sufrimiento emocional profundo, como autolesiones o comentarios de desesperanza.
La intervención temprana permite:
- Evitar que la ansiedad se cronifique.
- Prevenir problemas futuros como depresión, fobia escolar o trastornos de ansiedad más complejos.
- Dotar al niño/a y a la familia de herramientas eficaces para afrontar el malestar.
- Mejorar la convivencia familiar y el funcionamiento escolar.
En CRPL aplicamos intervenciones fundamentadas en la terapia cognitivo-conductual, considerada el enfoque con mayor evidencia científica para el abordaje de la ansiedad.

Pautas para padres
La investigación en psicología infantil y del desarrollo respalda múltiples estrategias que las familias pueden aplicar para ayudar a sus hijos a manejar la ansiedad. Algunas de las más eficaces son:
- Validar sus emociones, no evitarlas. Validar las emociones favorece la regulación emocional y reduce la intensidad del malestar. Ejemplo de validación: “Entiendo que te dé miedo, estoy contigo para acompañarte en este proceso”.
- Modelar calma. Los infantes aprender por observación. Mostrarles estrategias de afrontamiento positivas favorece su bienestar.
- Establecer rutinas predecibles. Las rutinas reducen la incertidumbre, un factor clave en la ansiedad. Ejemplo: tener horarios estructurado para el sueño y las comidas.
- No sobreproteger y resolver siempre los problemas por ellos. Esto incrementa la ansiedad a largo plazo ya que refuerza la idea de que ellos no pueden manejar la situación.
Conclusión
La ansiedad en niños y adolescentes es común, pero puede generar un gran malestar.
Afortunadamente, las estrategias basadas en evidencia demuestran que la intervención temprana y el apoyo familiar juegan un papel crucial en la mejora del bienestar emocional.
Sin embargo, cuando la ansiedad interfiere significativamente con la vida del menor, es fundamental buscar ayuda profesional. Los tratamientos actuales son altamente eficaces y pueden marcar una gran diferencia en el desarrollo emocional y social del niño o adolescente.
En CRPL contamos con un equipo preparado para ayudarte, solicita tu cita a través de la página web, llamando o escribiendo al 93 468 16 95.

Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Es normal que los niños tengan ansiedad en algunos momentos?
Sí, pero si dura varias semanas o afecta su día a día, es importante consultarlo.
¿La ansiedad se puede confundir con miedo?
A veces sí. El miedo es inmediato; la ansiedad anticipa algo futuro y puede ser más persistente.
¿La ansiedad se resuelve sola?
A veces mejora, pero si interfiere en su vida cotidiana, es mejor intervenir pronto.
¿Los padres participan en la terapia?
Sí, su implicación es clave para el progreso del menor.
¿Es necesario esperar a que sea mayor para ir al psicólogo?
No. Se puede consultar a cualquier edad si hay señales de malestar.
Bibliografía
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