¿Qué es la intervención mediada por familias?

En algunos casos, el trabajo terapéutico con un niño o una niña se enriquece cuando la familia entra en la sala y pasa a formar parte activa del proceso. No como sustituto de la terapia individual, que sigue siendo necesaria y eficaz en muchos perfiles, sino como un enfoque complementario que busca trasladar los aprendizajes al entorno natural del niño, aprovechando los momentos cotidianos que ya existen en la vida de cada familia.

En este episodio de Más que Palabras, Victoria conversa con Vanesa Ortega Jiménez, pedagoga del equipo de CRPL especializada en acompañamiento familiar, sobre qué significa este enfoque y cómo lo aplican en el centro a través del programa ImPACT. Vanesa explica cómo cambia el papel del terapeuta, que pasa de ser compañero de juego del niño a convertirse en observador y guía, mientras la familia asume ese papel protagonista dentro de la sesión. Un cambio que, reconoce, resulta desafiante tanto para los profesionales como para las propias familias, que al principio pueden sentirse inseguras al jugar delante de la terapeuta.

Lo que Vanesa describe es un proceso donde los objetivos terapéuticos se deciden de forma conjunta entre profesional y familia. No se trata de imponer estrategias, sino de preguntar: ¿qué necesitáis en casa? ¿Qué os cuesta más? ¿Qué queréis aprender? Porque, como ella explica, estamos hablando de andragogía, del aprendizaje de personas adultas, y eso requiere escuchar antes de proponer.

La conversación recorre los beneficios concretos que han observado en el centro: niños que generalizan aprendizajes de una sesión a otra porque su madre o su padre se ha convertido en ese puente entre la sala y la casa, familias que llegan contando que han probado algo nuevo y ha funcionado, momentos de juego compartido que antes no existían. Vanesa habla de una sesión en la que un niño que no tenía mirada compartida de repente miró a su madre tras hacer algo juntos. «¿Qué ha pasado aquí?», se preguntaron. Lo que había pasado es que estaban creando oportunidades de aprendizaje en un entorno significativo.

Un punto especialmente relevante es la idea de no añadir más carga a una mochila que ya viene llena. No se trata de crear un momento extra de juego ni de poner deberes a las familias, sino de aprovechar lo que ya existe: la ducha, la vuelta del cole, el rato en el sofá antes de cenar. Vanesa lo resume con claridad: no les enseñamos a ser terapeutas, son familias, y como familias pueden sentarse a jugar con sus hijos sin que eso se convierta en una obligación más.

La imitación aparece como la primera estrategia que Vanesa recomienda a las familias, y también la que más vergüenza les da al principio. Si el niño hace un sonido, tú lo repites. Si mueve un coche de una forma concreta, tú haces lo mismo con otro. No es ridiculizar ni responder a una crisis: es conectar, estar presente en su juego y hacerse atractivo como compañero. Victoria lo enmarca de forma directa: «hacerme atractiva para que disfrute de estar conmigo, no interrumpir su juego, acompañarlo».

También se aborda el papel de la escuela, con la honestidad de reconocer que los recursos son limitados. Se puede trabajar el currículum académico a través de los intereses del niño (Vanesa cuenta el caso de un niño que no quería desordenar su abecedario pero escribió un dossier entero con nombres de animales), pero eso requiere tiempo, conocimiento y recursos humanos que no siempre están disponibles. Desde CRPL se suman explícitamente a la reivindicación de más recursos y más docentes.

El episodio cierra con un mensaje que atraviesa toda la conversación: comprender y acompañar. Comprender el funcionamiento de cada niño sin obligarlo a ser neurotípico, acompañar a las familias sin juzgarlas y sin pretender que todas necesiten lo mismo. Vanesa insiste en que los terapeutas tienen que «limpiarse la mirada» y trabajar desde el conocimiento real de cada familia, incluida su cultura, sus experiencias y sus circunstancias. Victoria lo ilustra con una historia que lleva años guardando: la de un niño de etnia gitana que le enseñó que su mundo no era el de ella, y que juzgar desde las propias experiencias no es acompañar.

Un episodio pensado para familias de niños y niñas neurodivergentes, profesionales de la logopedia, la psicología infantil y la pedagogía, y cualquier persona interesada en entender cómo se puede acompañar desde el respeto al funcionamiento de cada persona, sin recetas universales y sin añadir peso a quien ya carga bastante.

Si queréis saber más sobre este enfoque, podéis leer nuestro artículo sobre autismo y programas de intervención mediados por familias.